viernes, 12 de febrero de 2016

Bebés muertos

Por Gonzalo A. Luengo O.

(Bebé en un jarro, de David Tamburo, imagen tomada de https://www.flickr.com/photos/davetamburo/2220246548, bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0)

La semana pasada pude ir a Valparaíso a exponer mi trabajo de más de diez años de investigación de las familias De Filippi de Chile a primos y tíos. Una gran oportunidad que no habría sido posible sin el entusiasmo y preocupación de mi tío Arquímedes De Filippi. Como en toda reunión familiar, aquí se habló de diversos temas de la misma familia. Es entonces cuando una prima, Carolina, recuerda que mi abuela tuvo dos bebés que fallecieron siendo muy pequeños. Efectivamente fue así y yo pude encontrar sus partidas de defunción, tomando nota de los detalles: murieron horas después de nacer. A ambas hermanas (gemelas) de mi madre, las tengo incluidas en un árbol genealógico que hoy cuelga de mi habitación. Pero en fin: bebés muertos, ése es el tema. Un tema que en estos ya más de once o doce años de trabajo en genealogía he ido digiriendo en el análisis de grupos familiares a través de su constitución y de lo que uno va sacando de archivos. La gente que se inicia en genealogía o es algo lejana, se sorprende muchísimo y le llama mucho la atención saber que sus abuelos o padres tuvieron bebés muertos. Al respecto, quiero compartir una reflexión muy personal al respecto en los puntos finales de todo este texto, pasan a través de cuatro piezas de información. Por favor lean:

Primero: algo sobre bebés muertos, es que en la investigación 'Familias fundadoras de Chile', aprendí que cuando un bebé moría, el nombre de él o ella era puesto a un futuro hermano. Dos casos de ejemplo: Mateo de Toro-Zambrano y Ureta, Conde de la Conquista, se llamaba Mateo, pero antes tuvo un hermano que llevó el mismo nombre y que murió antes que naciera el conde.

Mateo de Toro-Zambrano y Ureta, I conde de la Conquista, tuvo un hermano de su mismo nombre que murió antes que él. (Fotografía en el dominio público, tomada de http://en.wikipedia.org/wiki/Mateo_de_Toro_Zambrano,_1st_Count_of_La_Conquista#/media/File:Mateo_de_Toro_y_Zambrano.jpg).

El otro, personal, y primera vez que lo publico. En el maravilloso Archivo Nacional de Chile descubrí cómo la hermana de una antepasada mía, María del Carmen Bolbarán Rondón, de Petorca (muy probablemente de Chincolco, todo en Chile), fue asesinada de un 'balazo' (sic). Acá un extracto de un documento en que mi antepasado Andrés Bolbarán, padre de la niña, manda a su yerno a hacerse cargo de los trámites de juicio en contra del asesino:

Poder de Andrés Bolbarán (aquí el apellido varía a Corbalán) a su yerno Nicolás González. Acá se aprecia la parte en que habla de cómo María del Carmen recibió un balazo.

¿Qué creen que pasó después de muerta María del Carmen Bolbarán? A otra hija le pusieron... María del Carmen. En el Archivo Parroquial de Petorca se encuentra entonces una partida de bautismo donde Andrés vuelve a tener a una Carmen.

Segundo: creo que muchos genealogistas y yo sabemos la cantidad de bebés muertos que hay en cada grupo familiar. Grupo tras grupo, son pocos los que a través de los archivos demuestran que siguen con vida.

Tercero: este fue el caso que me motivó a escribir esta entrada... las hadas de Cottingley. Estoy leyendo un libro que relata la historia de unas primas que dejaron en shock a Gran Bretaña a comienzos de la década de 1920, cuando Arthur Conan Doyle expuso las fotos que ellas tomaron de supuestas hadas y un gnomo en el pueblo donde vivían. Una historia familiar que se tornó compleja y que relata Frances Griffiths en este libro.

'Reflections on the Cottingley fairies' de Frances Griffiths.

Lo que deseo tomar es un pasaje de su relato, en que doña Frances relata cómo su abuela de apellido Curtis tuvo... ¡22 (veintidós) hijos, incluyendo dos parejas de gemelos! Pero finalmente sobrevivieron solo trece.

Cuarto: la XVIII Duquesa de Alba. Doña Cayetana, según había leído hace años atrás cuando me empecé a interesar por la nobiliaria, tuvo seis hijos en total, pero entremedio hubo cinco abortos. Confieso que hay algo que me apena y es que abortó un hijo de Jesús Aguirre. Abortos espontáneos, claro está, naturales. En http://www.caras.cl/sociedad/la-duquesa-de-alba-por-fin-se-reune-con-los-suyos/ pueden encontrar una referencia a estos episodios.

¿A dónde he querido llegar con todo esto? A dos conclusiones que siempre comento, pero que agradecería me rebatieran o dijeran algo más:

Primero, que antes había mucha mortalidad infantil. La profesora Teresa Pereira Larrain, en 'Afectos e intimidades' lo relata en la parte final del libro: sobre todo en tiempos en que la higiene no era mucha o existía una costumbre -que aún no me convenzo existió- de amortajar con vendas el cuerpo de los bebés. Todo eso contribuía a una alta taza de muerte de bebés.

Segundo, y esto es más personal, tengo la idea que antes la propia naturaleza sola se encargaba de regular la población. Ahora los humanos usamos métodos anticonceptivos más eficaces y además hay más organización personal a la hora de tener bebés. Los bebés en muchos casos ya no son una sorpresa, por eso es raro que mueran. ¿Era entonces la naturaleza la que con estas muertes o abortos espontáneos la que regulaba así la población?

Tengo un caso personal para concluir: mi abuela paterna recién había tenido su segundo hijo cuando pasando la cuarentena se embarazó de mi papá. Mi papá nació de forma prematura, a los siete meses, creo yo por lo difícil que era enfrentar dos embarazos seguidos a mi abuela. Tal vez mi papá debió ser el bebé que debía morir. Siempre pienso en eso. Y de esa manera lo admiró, amo y aprecio aún más.

Gonzalo A. Luengo O.

Si desea contactarme para resolver dudas o aportar información, puede escribirme a gonzaloanet@yahoo.es.

If you have any doubt or want to send me more information, you can write me to gonzaloanet@yahoo.es.